lunes, 4 de agosto de 2008

Madurar

Si hay algo que jamás llega a su fin es la madurez, la cual se describe como una cualidad de la persona que expresa una elevada perfección humana. Nosotros los seres humanos necesitamos muchas veces cometer errores para alcanzar la madurez, alguna vez han escuchado la frase "de todo lo malo algo bueno se aprende", digamos que para madurar hay que equivocarse mucho, hay que experimentar sin caer tampoco en el caos, hay que ir tomando las rutas correctas poco a poco (descubriendo uno mismo o con ayuda cual es la ruta adecuada), y si por ahí alguien se desvía debe buscar la manera de volver al sendero apropiado; ¿y cómo se APRENDE esto?, la vida misma lo enseña, las amistades y las experiencias del día a día, el hogar es un gran punto de partida, y alcanzando por sobre todo una buena actitud que logre entender aislando los orgullos y egoísmos que la madurez puede ser alcanzada mediante la repetición de buenas acciones, con esta reiteración se adquieren los buenos hábitos (virtudes humanas) que proporcionan facilidad y naturalidad en obrar acertadamente consiguiendo así la madurez.

Hay veces que las circunstancias apresuran tu proceso de madurez, los golpes son cruciales y son un factor determinante en el proceso de creciemiento personal, sin embargo ahí es donde deben nacer esas actitudes y respuestas adecuadas ante los golpes de la vida, porque hay veces en que los días azotan la tranquilidad, en que las noches son una tortura cuando los momentos son difíciles y nostálgicos, y en ese instante es donde uno toma desiciones, muchas veces se equivoca, pero debe reconocer su error y salir del mismo, debe APRENDER.

La ruta a la madurez es un camino repleto de bifurcaciones, donde las virtudes ayudan a decidir correctamente cual es el camino ideal, o cuales son las formas de volver a ese camino ideal, como consejo uno debe procurar la compañía y amistad de personas virtuosas y la ayuda de Dios, los esfuerzos son inevitables, porque el camino adecuado siempre es el más estrecho, pero la compañía de Dios y de los demás facilita las cosas.

El pilar de una personalidad equilibrada y libre es la educación en las virtudes, y especialmente en la fortaleza y en la templanza, ya que ayudan a soportar las dificultades, y estas mismas son las que a veces nos hacen dudar y nos desvían, pero con estas dos virtudes las cosas resultan más sencillas, nos sirven de base y de colchón para afrontar lo que venga. Además de ese pilar uno necesita adquirir responsabilidades, una persona con responsabilidades y que sea trabajadora ejercita muchas virtudes y madura antes, e ahí una clave importante.

Otro ejercicio interesante es la confesión, y aquí se fortalece mucho la sinceridad, realismo y responsabilidad. De esta manera se reconocen los errores y se APRENDE a pedir perdón. Como señalé anteriormente la madurez se alcanza a base de repetir buenas acciones; en cambio, cada pecado es un acto en dirección contraria que inclina la voluntad hacia el mal. La confesión borra los pecados, reordena la voluntad, y proporciona gracias de Dios para seguir avanzando en la buena dirección. Así se perfecciona cualquier virtud y la acumulación de las virtudes nos lleva a la madurez.