lunes, 3 de noviembre de 2008

Amor de Niño

Cuando escribí esto tenía 14 años...

Como cuentan los sonidos del alma, ilusiones hay varias pero amor hay uno solo, sentirlo es escuchar la melodía más placentera de la vida, es desafiar a la penumbra con toda confianza, pues como se sabe no hay arma alguna que apague esa llama, brilla y arde tanto en su interior que ni la misma desilusión podría soplar tan fuerte como para terminar con aquel sentimiento. El amor es algo indescriptible, ni el verso más melancólico podría dar con su significación, solamente hay que sentirlo con el corazón en las manos, pues uno ama de verdad cuando al instalarse aquella energía siente confusión al escuchar que se aceleran los latidos, cuando en lo profundo predomina la fe marginando a la razón, cuando uno proclama sus mas íntimos sentimientos sin pensar en lo que mas tarde llegue a ocurrir.

Tal vez te enteres de lo que escribo como pueda que no, la verdad es que solamente quiero clavar mi idea en este ocaso de pensamientos, para que más tarde se desplieguen las alas de un nuevo amanecer que brinde a esta pobre alma lo que en sus sueños anhela contemplar, y precisamente lo que más desea es llenar su corazón con solamente imágenes de tu tierna y tan dulce sonrisa.

No soy como los demás aunque aparente serlo, no soy aquel muchacho inmaduro que toma a la mujer como algo desechable, soy lo contrario, soy lo que no pude ser antes, el joven que es capaz de decir te amo, aquella persona tan tierna y salvaje a la vez que solo vive por aquel pilar de su conciencia, aquel que esta lleno de miradas tuyas, aquel que en su alrededor giran mis cinco sentidos más el corazón que tú robaste, y es que ahora lo conozco todo, conozco lo único que desde que nací para mi no existía, el sentimiento que sólo Dios puede describir y que para mí es justamente como su aliento, aquel que rehabilita mis tan preciados sueños.

domingo, 12 de octubre de 2008

Una Promesa


Algún día cambiaré y volveré a ser lo que por momentos intenté, algún día destruiré mi máscara y no compraré una nueva, algún día ella no me poseerá ni se adueñará de mí, quizás en un día no tan lejano, quizás pueda ser muy cercano; pero llegará el día en que pueda dejar de esconderme, de ser débil ante lo fácil y mundano, un día en el que pueda ser humanamente digno, y olvidar tanta contaminación del alma, un día en el que sufra de amnesia y no pueda encontrar mi máscara, un día milagroso, donde mi voluntad hacia lo genuino sea más grande que mis ganas de seguir hundiéndome.

Difícil creer que hay una máscara que me manda, que me convierte en su esclavo, difícil pensar que soy adicto a ella y a ponérmela, adicto al nivel de adrenalina al que me conduce, adicto a la sensación de alegría vacía, adicto a una droga que algún día espero dejar de consumir, por eso a veces quisiera vivir encerrado en almas buenas, vivir aprendiendo de ellas, pero a veces quisiera que me comprendan y que entiendan que salir de mi adicción es algo sumamente difícil, que la suma de oraciones puede resultar en mi milagro, quisiera que me sostengan en mi lucha, y así pueda dejar de dañar a las personas, pero la máscara ya esta tatuada a mí y me gobierna, me incita a que siga siendo un sujeto sombrío, uno más de los que abundan en la Tierra, uno que no puede arrancarse la máscara de los vicios, esa que te va quitando la verdadera felicidad, aunque vayas luchando por arrancarte ese objeto que te desgracia.

Algún día descubriré el remedio contra la adicción a la adrenalina, a esa enfermedad que te obliga a vivir al límite de los efectos malévolamente patéticos, que te engaña y te hace creer que la felicidad radica en ella; algún día ayudaré a las demás personas a curarse de esta terrible droga, y algún día me animaré a curarme, ojalá sea pronto, ojalá no sea tarde, pero es una promesa, algún día…

domingo, 28 de septiembre de 2008

Abriendo mi puerta


Hay tantas cosas por contar, tantos secretos escondidos, ocultos en el baúl del tiempo, envueltos por el polvo del silencio, hay tantas proezas disfrutadas, tantas horas lamentadas, muchas huellas en los pasadizos de mis pensamientos, risas solitarias pero con sentido, miradas al piso por vergüenza y algunas lágrimas en las mejillas.

Es extraño cuando las ideas y sentimientos se vuelven erupciones de palabras, a veces sin sentido alguno, pero siempre con intensa profundidad, queriendo contar tantas historias, tantos cuentos y no de ciencia ficción, sino de experiencias o de sueños tejidos en las paredes del viento, dicen que esa sensación de gritar que acumula melancolía y felicidad a la vez se llama inspiración, la sensibilidad de expresar los sentimientos más fuertes e intensos, los que a veces están guardados bajo diez mil llaves en el corazón de cada uno.

Afortunadamente el mío no tiene llaves, solo una puerta supuestamente cerrada de hierro aún sin oxidar, y de vez en cuando abro la puerta sin seguro, sin mayor esfuerzo giro la manija y sólo limpio esa habitación, le doy paz a mi interior, no vendo el equipaje que hay adentro, lo reciclo e intento impregnarlo en un papel, quisiera poder transmitirlo con cuerdas vocales melodiosas, pero carezco de ese don, por eso gentilmente creo aprovechar uno de los que Dios me dio.

A veces las lunas hacen fotosíntesis conmigo, y es ahí cuando puedo liberar mi mente, sacarme esa máscara de muchacho valiente, y muestro una fragilidad de vidrio, uno que no es a prueba de balas, sino que se quiebra con sutileza, pero no quiero contar mucho de esto por ahora, solo quiero dar un preámbulo a la vida que percibo, a la mía y a la que veo en cada rostro y alma que se cruza en mi camino, quiero limpiar más que nunca mi interior, encerarlo y sacarle brillo, comprar nuevos adornos, pintar algunos cuadros dentro mío, contando viejas historias, desde las bromas triviales con los amigos, hasta las noches locas que tuvieron a una luna celosa de caricias como único testigo en algún rincón repleto de suspiros, o algunas extrañas caminatas sepultando momentos dolorosos, algunas sonrisas causadas por las cosquillas al corazón que provoca una ilusión, o aquella historia de amor que siempre tendrá su lugar dentro tuyo, hasta los momentos no tan lúcidos por beber algo de etanol, quizás los días crueles pero cálidos en el hospital, momentos que van dejando huella y enseñanzas dentro mío, que no siempre descubro, pero que de vez en cuando alumbro con perfecta claridad y misteriosa y tímida ambigüedad.

Es cierto que aún no cuento historias, pero pronto empezaré, hoy solo giré la manija, de ahora en adelante dejaré mi habitación interna impecable, y plasmaré momentos en una pantalla de computadora, colocaré hasta poemas en sus pupilas, pero los gravaré en el corazón ajeno, ese que siente algo parecido a lo que pretendo mostrar, que busca consuelo o solo una palabra de aliento, como yo la busco en otras personas, pues aquí sólo descubro la versión original de mi ser.

lunes, 4 de agosto de 2008

Madurar

Si hay algo que jamás llega a su fin es la madurez, la cual se describe como una cualidad de la persona que expresa una elevada perfección humana. Nosotros los seres humanos necesitamos muchas veces cometer errores para alcanzar la madurez, alguna vez han escuchado la frase "de todo lo malo algo bueno se aprende", digamos que para madurar hay que equivocarse mucho, hay que experimentar sin caer tampoco en el caos, hay que ir tomando las rutas correctas poco a poco (descubriendo uno mismo o con ayuda cual es la ruta adecuada), y si por ahí alguien se desvía debe buscar la manera de volver al sendero apropiado; ¿y cómo se APRENDE esto?, la vida misma lo enseña, las amistades y las experiencias del día a día, el hogar es un gran punto de partida, y alcanzando por sobre todo una buena actitud que logre entender aislando los orgullos y egoísmos que la madurez puede ser alcanzada mediante la repetición de buenas acciones, con esta reiteración se adquieren los buenos hábitos (virtudes humanas) que proporcionan facilidad y naturalidad en obrar acertadamente consiguiendo así la madurez.

Hay veces que las circunstancias apresuran tu proceso de madurez, los golpes son cruciales y son un factor determinante en el proceso de creciemiento personal, sin embargo ahí es donde deben nacer esas actitudes y respuestas adecuadas ante los golpes de la vida, porque hay veces en que los días azotan la tranquilidad, en que las noches son una tortura cuando los momentos son difíciles y nostálgicos, y en ese instante es donde uno toma desiciones, muchas veces se equivoca, pero debe reconocer su error y salir del mismo, debe APRENDER.

La ruta a la madurez es un camino repleto de bifurcaciones, donde las virtudes ayudan a decidir correctamente cual es el camino ideal, o cuales son las formas de volver a ese camino ideal, como consejo uno debe procurar la compañía y amistad de personas virtuosas y la ayuda de Dios, los esfuerzos son inevitables, porque el camino adecuado siempre es el más estrecho, pero la compañía de Dios y de los demás facilita las cosas.

El pilar de una personalidad equilibrada y libre es la educación en las virtudes, y especialmente en la fortaleza y en la templanza, ya que ayudan a soportar las dificultades, y estas mismas son las que a veces nos hacen dudar y nos desvían, pero con estas dos virtudes las cosas resultan más sencillas, nos sirven de base y de colchón para afrontar lo que venga. Además de ese pilar uno necesita adquirir responsabilidades, una persona con responsabilidades y que sea trabajadora ejercita muchas virtudes y madura antes, e ahí una clave importante.

Otro ejercicio interesante es la confesión, y aquí se fortalece mucho la sinceridad, realismo y responsabilidad. De esta manera se reconocen los errores y se APRENDE a pedir perdón. Como señalé anteriormente la madurez se alcanza a base de repetir buenas acciones; en cambio, cada pecado es un acto en dirección contraria que inclina la voluntad hacia el mal. La confesión borra los pecados, reordena la voluntad, y proporciona gracias de Dios para seguir avanzando en la buena dirección. Así se perfecciona cualquier virtud y la acumulación de las virtudes nos lleva a la madurez.